13 oct 2008

el coste de la oportunidad

Cayó. Parecía que no, pero cayó. Golpeó el suelo. Se quedó ahí, inmóvil. Quieto para siempre.
No pasó nada. Sólo que decidió quedarse ahí a esperar.
Tirado en la acera, al paso de la gente; gente que le esquivaba, gente que no sabía lo que pasaba, pero sabía que no era a ellos a quien ocurría.
Se quedó mucho tiempo tumbado en la calle, los brazos muertos, las piernas flexionadas. Se limitaba a mirar el cielo. Porque sí, el cielo se veía desde alli.
Claramente: un cielo azul, sin nubes blancas, y de vez en cuando cabezas curiosas pasaban cerca del cielo.
Él prescindía de la visión periférica, no la necesitaba.
Su gabardina oscura se extendía a su alrededor, su ropa de persona sería le protegía del aire.
(porque este hombre que mira al cielo aún se protege del resto de las manifestaciones naturales)
Se está limitando a mirar como no lo ha hecho nunca en su vida, todo porque ha caido.

Y se da cuenta de que el cielo simpre seguirá ahi, no necesita nada más.
Ya nunca necesitará nada más.

¿qué impulsa a una persona a dejar de existir como tenía planeado?
Nada. Ella misma.

y con esto qué digo: digo que para vivir necesitamos de esas cabezas que nos da nuestra visión periférica, necesitamos un impedimento, un mínimo obstáculo.

Para poder mirar al cielo basta con saber que algo nos perdemos, algo que queremos perdenos, algo que es una oportunidad de igual a igual, a nuestro alrededor.

Cayó y ya no necesitó levantarse.
Sólo miraba al cielo, con el gesto ensimismado, con los ojos bien abiertos.

Y al tiempo supo que podía ser feliz.

2 comentarios:

Emilienko dijo...

Hay un vídeo musical exactamente sobre este tema:
http://www.youtube.com/watch?v=R5X7HKxpiQA

Javier López Mansilla dijo...

Muy bueno, me ha gustado mucho.
Me alegra volver a leerte.
Saludos chica eutópica