Resulta duro volver a los planes que en un ayer fueron placenteros.
Aunque yo he decidido volver por una cuestión de supervivencia. Escribo desde que el primer problema de mi vida me oprimió el estómago, cada vez que sentía perder el control de mi corta vida, cuando el enfado me impedía estudiar, o la nostalgia, o el amor, cada vez que sentía demasiado como para soportarlo dentro mi propio cuerpo yo escribía. Mi historia no empieza con una niña contando historias con su letra adorable imperfecta. No, qué va. Mi historia empieza con la angustia, posiblemente pre-adolescente, de quien no sabe qué hacer, qué sentir y cómo sobrevivir.
Que es de lo que se trata. (¿seré una nihilista?)
Poca gente me ha leído, y los que lo han hecho han creído entender mucha tristeza. Bien, esto quizá sea cierto. Yo escribo desde el puro sentimiento matizado: la imposibilidad de no deformar lo que se expresa me genera esa tristeza.
Hubo un tiempo en que quise escribir otras cosas, hice cursos, trabajé en mi escritura. Lo dejé. Otras necesidades y hobbies ocuparon el tiempo de escribir.
Pero ahora, varios idiomas después, varios países atrás, ciertas experiencias guardadas, he vuelto. Necesito sobrevivir a esta vida y en realidad no sé hacerlo sin escribir.
Nuevos planes, idénticas estrategias (NV) - Así que creo que voy a volver a escribir.