29 nov 2008

"LA BIBLIOTECA DE BABEL"

El tío que tengo enfrente me gusta porque se parece a Z, pero tiene más cuerpo. (por eso es mejor)
Creo que estudia lo mismo, así que puede tener mi edad o ser más pequeño; la probabilidades de que sea mayor son bajas.
Fuma, también como el otro.
¿Me gusta porque se le parece?
La nariz, los labios, la negrura del pelo. Las manos no. ¡dios qué uñas más feas!

Nada ni nadie es perfecto, ni siquiera en la biblioteca de Babel.




(la hermana de Borges también estuvo alli, ¿o qué te creías?)

18 nov 2008

agotamiento

on







es cierto:
estoy muy cansada y tengo demasiadas cosas en la cama.
que alguien me desenchufe: bailando hasta el apagón.

(vm mediante)

* el agotamiento extremo se manifiesta cuando el sujeto siente unas irreprimibles ganas de llorar (o dormir en el sofá) al ver que en su lecho -cama- hay más cosas de las que debiera: más de cinco segundos empleados en despejar la cama.

Y en momentos de agotamiento extremo, esto es muy duro.

Mucho.

off

8 nov 2008

creo que si sigo tosiento tanto, en algún momento mi mandíbula y mi pecho saltarán y se desmontarán.
no podré recoger las piezas porque habrán saltado muy lejos, y me quedaré para siempre desmontada.

pero da igual, porque somos jóvenes y bellos: NO PODEMOS MORIR





me voy

3 nov 2008

SE-8069-CT

El problema es que todos los discursos son válidos.
Es según cuándo lo oigas que te vale o no te vale.

No tengo porqué hacerlo si no quiero.
¿Pero cuándo quiero hacerlo? ¿Cuándo lo considero oportuno?


Con este tipo de dudas salió del coche y se le olvidó cerrar las puertas apretando el botón de seguridad de la llave.
Se fue, tardó horas en volver.
Cuando volvió el coche estaba en su sitio, no.
no estaba en su sitio, es decir, se rectificó a si misma "no hay un sitio fijo para nada": no estaba en el mismo sitio en el que ella lo había dejado por la mañana.

Abrió la puerta del conductor, repasó mentalmente el momento de abandono matinal del coche.
Sí, estaba segura de haber cerrado, de haber apretado el botón.

(pero el mundo sabía que no era así y también que al mundo no le importaba lo más mínimo el hecho)

El asiento estaba desplazado hacia delante - pensó en un hombre pequeñito y sucio sentado en su lugar.
Los espejos estaban como siempre, el hombrecillo no utilizaba retrovisor.
Quiso comprobar si habia suciedad por algún sitio, estaba nerviosa; se le escurrieron las llaves de su casa y cayeron bajo el pedal de freno.
Estaba nerviosa y no se percató.

Fuera de su coche ya era noche cerrada, esa expresión le hacía gracia de la época en que leer era obligatorio.

Sintió miedo y se sintió desprotegida, arrancó el coche, salió en segunda, tuvo que acelerar mucho. Las ruedas levantaron polvo tras si.
Ella se sintió más fuerte, con el pestillo que la protegía de aquel hombre que había usurpado su coche y que cada vez adoptaba dimensiones más grandes dentro de su cabeza.

Pensaba contarselo a su marido, no, le echaría una bronca; estaba muy cansada para soportar una charla en tono paternal sobre sus despistes.
No diría nada, tenía que subir a la azotea y coserle un botón a la camisa granate que se quería poner el día siguiente.

Conducía rápido, tenía prisa por llegar.

"los discursos... los discursos te convencen de todo, de lo que sea"

Conducía rápido, su coche podía correr, el hombrecillo le había llenado el depósito.

Un momento, un tío se había subido en su coche, había conducido por dios sabe donde y después le había llenado el depósito de gasolina, su acto reflejo fue mirar a la parte trasera: ¿estaría el tipo alli?

En su lugar vio un jersey azul o negro, sucio.
Ella se inquietó y giró la cabeza.
Apretó el pedal del acelerador en el movimiento.
El jersey se movió por la sacudida que ella misma provocó al soltar del volante la mano derecha.
Ella gritó, dió un respingo, miro hacia delante. El semáforo estaba en rojo.
Había un coche frenando delante, a diez metros, a siete metros, a tres metros.
Ella intentó frenar: las llaves de su casa se lo impidieron.

"joder,coño"

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- ¿qué está pasando?
- Creo que ha habido un accidente, por eso hay retención.

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Su marido había cogido el coche esa mañana, el coche sí tenía un sitio fijo, así que él sabía dónde estaría. Recogió a los niños del colegio: se dejaron el jersey del mayor olvidado.

Ella no usaba móvil: tenía un discurso: si no lo había necesitado durante toda su vida, porqué iba a necesitarlo ahora.


¿había fallado su discurso?

improvisaciones.

27 oct 2008

FENDER

Quiso escaparse sin pasar por la Aduana.
Y eso era imposible: así que tuvo que quedarse a vivir en aquel país.
Era fácil sobrevivir, él era uno de esos NINJAS norteamericanos en el pais del "todo es posible".
Fue fácil sobrevivir: de unos brazos a otros, de un escenario a otro.

Sin alcohol, esto no son historias de escritor maldito.

Un estudio pequeño en una zona periférica, una planta (nunca supo el porqué de esa planta), un sofá que se convertía en cama.

Una moneda que no era la suya, unas facciones por la calle que no eran las de sus antepasados
Tocaba su instrumento, el mismo que lo encadenaba a aquel país.
Se forjó un nombre, consiguió algo de fama por los locales nocturnos del norte.
Un día le llamaron de una sala de conciertos del sureste de la ciudad: FUE.

Entonces empezó a crear otras notas, unas notas algo nostalgicas: echaba de menos algo. Quizá a su madre, quizá el idioma.

"tal vez me cansé de esta etapa"

Habló con su agente: quería giras en su país.
Su agente le miró extrañado: ¿qué podía haber alli que no lo tuviera aqui?
Su chica le miró extrañada: ¿a quién tienes alli que tira más que yo aqui?
Sus nuevos y brillantes amigos le miraron extrañados y divertidos: ¿cuando volverás?

Sólo una persona supo descifrar lo que le pasaba al músico. Le dijo: "tranquilo chico, esto nos pasa a todos cuando nos hacemos mayores. Me gustó haberte conocido"

El músico envolvió cuidadosamente el instrumento que le había encadenado por primera vez a algun territorio. Hizo el equipaje. Se marchaba con muchas más cosas de las que había traido consigo la primera vez.

Pensó: "la primera vez".

El taxi le esperaba ya, bajó, todo en el maletero excepto la funda rígida que viajaría con él en primera clase, nueva, flamante.

Ésta vez sí, pagando el impuesto de Aduana.


improvisaciones.

16 oct 2008

l´absente

Ella.

(ella) Dice frente al espejo:
- Ven ya, que tengo que acostarme.

Y así todas las noches.
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14 oct 2008

¿qué hacen los niños que no juegan?



Pero ya sabía yo que tu cripticismo te iba a delatar...
y no ibas a enseñar nada de lo enseñable.
Sólo bruma.








"tengo un reloj de oro, y vale más que todos vosotrosjuntos. sí, porque pertenece a esa parte de mi razón de ser que jamás he pensado, aunque sea mil veces más poética que las goyescas y las heridas de guerra por amor"





· frenesí: correr y caerse ·

13 oct 2008

el coste de la oportunidad

Cayó. Parecía que no, pero cayó. Golpeó el suelo. Se quedó ahí, inmóvil. Quieto para siempre.
No pasó nada. Sólo que decidió quedarse ahí a esperar.
Tirado en la acera, al paso de la gente; gente que le esquivaba, gente que no sabía lo que pasaba, pero sabía que no era a ellos a quien ocurría.
Se quedó mucho tiempo tumbado en la calle, los brazos muertos, las piernas flexionadas. Se limitaba a mirar el cielo. Porque sí, el cielo se veía desde alli.
Claramente: un cielo azul, sin nubes blancas, y de vez en cuando cabezas curiosas pasaban cerca del cielo.
Él prescindía de la visión periférica, no la necesitaba.
Su gabardina oscura se extendía a su alrededor, su ropa de persona sería le protegía del aire.
(porque este hombre que mira al cielo aún se protege del resto de las manifestaciones naturales)
Se está limitando a mirar como no lo ha hecho nunca en su vida, todo porque ha caido.

Y se da cuenta de que el cielo simpre seguirá ahi, no necesita nada más.
Ya nunca necesitará nada más.

¿qué impulsa a una persona a dejar de existir como tenía planeado?
Nada. Ella misma.

y con esto qué digo: digo que para vivir necesitamos de esas cabezas que nos da nuestra visión periférica, necesitamos un impedimento, un mínimo obstáculo.

Para poder mirar al cielo basta con saber que algo nos perdemos, algo que queremos perdenos, algo que es una oportunidad de igual a igual, a nuestro alrededor.

Cayó y ya no necesitó levantarse.
Sólo miraba al cielo, con el gesto ensimismado, con los ojos bien abiertos.

Y al tiempo supo que podía ser feliz.

2 may 2008

todas las muñecas rusas


Soy un travesti, soy un hombre que se siente mujer; entonces en mi naturaleza soy mujer.

En mis ejercicos yo procuro ponerme en la piel del otro, y ese otro es el hombre

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(mujer encerrada en el cuerpo de un hombre que se mete en la cabeza de los hombres; ¿qué clase de visión se crea? ¿es fidedigna? ¿está distorsionada? )

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Para mí resulta terriblemente duro y trabajoso pensar como algo (alguien) que es ajeno a mí (a mi mente, sé que no a mi persona).

Y sin embargo la gente, las personas, el resto, lo ven normal. Y no lo es.

Es un ejercico literario muy duro.




2008. lápiz

9 abr 2008

el coito

















Me esta sobando y es lícito que lo haga.

Ha tirado su cuerpo contra el mío, tira de mi piel con manotazos torpes.

Todo se impregna de violencia animal.
Mi hombre gruñe y me araña con su barba ruda de días. No me gusta lo que me hace, no me da tiempo. Me besa la cara, me chupa el cuello y succiona como si esperara obtener algo, muerde mis pechos, los une y pega la cara, lame y clava los dientes en la carne, alza la vista y exige: “¡te gusta!”; yo le miro con ojos vidriosos de muerta que él confunde con mirada lasciva. Y sigue.

Tengo el camisón enroscado en el pecho, él tira para arrancarlo y yo contribuyo a la fuga de barreras para que no se rompa nada más.

Vuelve a tirarse sobre mí, me abraza para que rodemos y termine encima de él. Me dice “ven aquí, ven” para que me siente a horcajadas sobre él; él hace chocar sus huesos con los míos tirando de mis caderas. Oigo que mi niño lloriquea en la cuna. Me abrazo a él para que no se oigan sus gemidos ni sus gruñidos y eso le excita más aún.

Vuelve a tumbarme en la cama, casi al borde de la cama, mientras me coloco para no caerme se quita el slip y lo tira lejos hacia atrás. Me empiezo a bajar las bragas, me percato de que no estoy depilada, pero eso hoy le da igual. Las coge, las huele, se las mete en la boca, las escupe y planea sobre mí. Me besa, me muerde y a mi me empieza a gustar un poco. Agarro su cabeza, lo guío hasta los pechos, aprieto, le tiro del pelo. Enloquece, casi mastica mi carne, noto la sangre y un dolor agudo.

Baja hasta el vientre, aprieta las manos contra mi cintura, me toca como si no tuviera tacto; tira de mi cuerpo hacia abajo y ya estamos a la misma altura: mirándonos a los ojos, respirando la respiración del otro, recibo su aliento de cebolla y cerveza en la cara.

Levanta las caderas para buscarse el pene y metérmelo de una vez, pero en vez de eso me toca la vulva. Pasa los dedos incansablemente. Pero estoy seca. Me mira y me dice rápido y sin importarle: “estás seca”, mete la cabeza entre las piernas y me escupe en el coño.

Se coge el pene por la base, está hinchado y duro, tantea con torpeza y al fin me encuentra el agujero: la mete con trompicones. Bufa, esconde la cara en mi cuello. Se aferra a mí, me agarra por la cabeza, me tira del pelo sin darse cuenta. Los pulmones me gimen por el peso intermitente de su cuerpo, le clavo las uñas en los costados y le gusta. Se mueve más rápido. En la casa sólo se escuchan los golpes de la carne, la respiración entrecortada y silenciada.

Se mueve más rápido, yo me muevo al mismo ritmo porque sé que le gusta, porque así acabaremos antes. Me clava las manos en los hombros y el pene en la boca del útero. Abro las piernas y elevo las caderas por instinto, le atraigo hacia mí. Me abre, me oprime, clava la cara en el hueco de mi cuello, se va, se va, respira mi pelo, respira tan fuerte que parece que gruñe enfurecido.

Los músculos se relajan, la gravedad lo aplasta contra mí, le acaricio la espalda con una mano y con la otra le acuno la cabeza. Su pene desinflado sigue dentro de la vagina.

Ha dejado la mano en mi pecho y lo tapa por completo, aprieta los dedos, juguetea con el pezón. Me besa. Me quiere.
Nos miramos fijamente, a tan poca distancia que tenemos que separar la cabeza.


Siento un instinto tan maternal hacia él, mi marido, que por un segundo le perdono todos sus pormenores egoístas.


Tiene máculas de sangre en la cara, mi sangre. Acaba de nacer de mí.


Me levanto para lavarme, me dice: “no tardes mucho o me quedaré dormido”. Le respondo: “no te preocupes, no tardo”.


Al mirarme en el espejo me veo a mi misma, desnuda, con el tatuaje de sus dientes en la carne dolorida; me lavo un poco con agua la cara, los brazos, el cuello, quiero quitarme la saliva pegajosa.

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2007

29 mar 2008

De nuevo la contabilidad



Las mujeres están aprisionadas por los sujetadores. Arruinadas del todo.

Las mujeres están aprisionadas por los bolsos. Joder, apenas pueden avanzar.

Las mujeres están aprisionadas por los tacones. Las miras caminar y van lentas y torpes.

Yo siempre he pensado lo mismo: no merece la pena ser mujer.
Ahora me acuerdo de mi hermana, la pobre, era una puta, pero una puta de verdad. Trabajaba de miércoles a domingo. Al principio la queríamos igual porque no sabíamos lo que era eso, nos dijo: “soy puta” y nosotros le respondimos: “ah, muy bien nena ¿y cuanto te pagan por eso?” y nos dijo que se pagaba bien, que tenía un horario un poco raro y muchos compromisos informales.

No tardó mucho en transformarse en otra persona: siempre maquillada, siempre ojerosa, siempre pensativa.

Éramos uña y carne, mi hermana y yo; yo le contaba todo y ella me escuchaba; me daba consejos, que ahora entiendo revolucionarios y todo lo veo justo.

A la muy puta la han quemado viva por puta.

Cuando nos llegó la carta informativa del Estado de nuevas profesiones registradas, estaba la de puta, ¡dios santo!

No podíamos hacer otra cosa, el Estado avisaba de lo que ocurría a familias que ocultaban a profesionales prohibidos, y no queríamos eso, además mi hermana sólo era una mujer, si hubiéramos sido mi otro hermano o yo, quizás hubiera merecido la pena arriesgarnos, pero no por ella.

Mi madre lloriqueó un poco, no quiso ni mirarla, la encerramos en su habitación, ella no lo entendía, quería salir, sabía lo que íbamos a hacer.

Llamamos al teléfono de comunicación de agravios a la sociedad, y comunicaba.

Era normal, habían publicado la lista más extensa hasta la fecha de profesiones prohibidas, por inmorales, por demasiado especializadas, por muchas cosas, y la gente llamaba a todas horas, era un no parar de detenciones e inspecciones por doquier.

Mi hermana estuvo una semana encerrada en su habitación, y nosotros llamando, no había manera de conseguir la línea libre.

Mi madre le pasaba comida a escondidas, hasta que se enteró mi padre.
Tuvimos que encerrar a mi madre también, mi padre le dio su merecido.

Yo de vez en cuando me acercaba a la puerta y le contaba mis cosas, mientras siguiera con nosotros podía seguir desahogándome con ella, la escuchaba golpearse la cabeza con la puerta, estaba realmente fuera de sí, lloraba y me gritaba, me suplicaba que la dejara escapar, que la ayudara, que ella nos quería, que no sabía que era prohibido, que ella no era culpable, que era su hermana…

Entonces yo me aburría de oír esas tonterías y me iba con mi padre, con los hombres, o a ver a mi madre, que estaba muy triste.

Yo intentaba convencer a mi madre que era lo mejor para todos, que había salido mal, que no debía haber pedido una hija más, sino otro hijo; ella me miraba pero su mirada traspasaba mi cuerpo, en ocasiones me dio pena, pero hablé con mi padre.

Él me habló francamente: “a las mujeres no es necesario convencerlas de nada ni escucharlas, ellas están aquí para nosotros, hacemos lo que estimamos oportuno, tu madre no es mas que una mujer, muy buena, pero una mujer al fin y al cabo, así que no le des mas vueltas. Déjala. Ya se le pasará”.


Por fin cogieron el teléfono. Tramitamos la denuncia. Mi hermana gritaba y pataleaba en su cuarto, eran gritos verdaderamente desgarradores, como cuando matan a un cerdo o a un perro. Nos llamaba por nuestro nombre a todos, llamaba a su mama, decía que tenía miedo, que nos quería, que lo sentía; mi padre se ablandó un poco, bajó el auricular, y miró a mi madre.

Entonces actué yo: muy decidido le puse la mano en el hombro a mi padre y le animé a seguir con la denuncia, él se reafirmó en su obligación y siguió con el interlocutor.

A nuestro caso le dieron prioridad de urgente, decían que era peligroso tenerla más tiempo en casa.

Así que al día siguiente, llamaron a la puerta unos señores muy serios pero muy amables, quisieron hablar con mi padre aparte, pero él insistió en que estuviéramos sus dos hijos delante. Ninguno miramos a mi madre ni a la puerta de la habitación de mi hermana, que estaba algo cedida por sus golpes monstruosos.


Se dirigieron a la habitación de la recluida, así dijeron ellos, y entraron los dos a la vez, detrás mi padre, tras él corriendo mi madre para colarse entre todos aquellos hombres y ver por última vez a su hija. Yo apenas pude entreverla, pero me sorprendió ver que seguía con la misma ropa desde que la encerramos y que apenas tenía pelo, ¿se le habría caído o se lo habría arrancado? Con las mujeres nuca se sabe…

Se la llevaron, nos dijeron que no nos preocupásemos, el Estado se encargaba de limpiar la sociedad.

Se la llevaron y la mataron, era lo que se merecía, no pasa nada malo, hay más mujeres en el mundo, y sólo son mujeres.

He de reconocer que hubo momentos en los que pensé ayudarla a escapar, me dio pena, menos mal que el Estado me quitó esa idea de la cabeza, gracias a dios la sociedad esta muy concienciada de sus obligaciones, todo gracias al Estado que tenemos. Gracias a él soy un hombre nuevo.


Como mi padre.
Como mi madre.
Como mi hermano.


Todos somos mejores desde que mi hermana no está entre nosotros para sembrar el mal.




2008

28 mar 2008

Dime que me quieres... leer


hola,

soy Ángela, angelurri para los amigos y conocidos mas íntimos.

Este es mi blog, es algo nuevo para mí.

En realidad estoy impaciente por mostrar aqui mis relatos y escribir lo que sea.


He abierto un blog porque ha habido algunas cosas que no me cabían en el Fotolog (www.fotolog.com/angelurri)


Si estás aqui espero que dejes constancia del hecho, y sobre todo, si estás aqui y desde ahora te decides a leer lo que cuelgo, espero una crítica (constructiva) o una opinión; sería algo edificante saber que la gente me lee.

Bueno...

Creo que queda inaugurada esta nueva etapa virtual en la que me estoy metiendo, no prometo actualizar a diario por ahora, pero prometo hacerlo con ilusión.


angelurri