3 nov 2008

SE-8069-CT

El problema es que todos los discursos son válidos.
Es según cuándo lo oigas que te vale o no te vale.

No tengo porqué hacerlo si no quiero.
¿Pero cuándo quiero hacerlo? ¿Cuándo lo considero oportuno?


Con este tipo de dudas salió del coche y se le olvidó cerrar las puertas apretando el botón de seguridad de la llave.
Se fue, tardó horas en volver.
Cuando volvió el coche estaba en su sitio, no.
no estaba en su sitio, es decir, se rectificó a si misma "no hay un sitio fijo para nada": no estaba en el mismo sitio en el que ella lo había dejado por la mañana.

Abrió la puerta del conductor, repasó mentalmente el momento de abandono matinal del coche.
Sí, estaba segura de haber cerrado, de haber apretado el botón.

(pero el mundo sabía que no era así y también que al mundo no le importaba lo más mínimo el hecho)

El asiento estaba desplazado hacia delante - pensó en un hombre pequeñito y sucio sentado en su lugar.
Los espejos estaban como siempre, el hombrecillo no utilizaba retrovisor.
Quiso comprobar si habia suciedad por algún sitio, estaba nerviosa; se le escurrieron las llaves de su casa y cayeron bajo el pedal de freno.
Estaba nerviosa y no se percató.

Fuera de su coche ya era noche cerrada, esa expresión le hacía gracia de la época en que leer era obligatorio.

Sintió miedo y se sintió desprotegida, arrancó el coche, salió en segunda, tuvo que acelerar mucho. Las ruedas levantaron polvo tras si.
Ella se sintió más fuerte, con el pestillo que la protegía de aquel hombre que había usurpado su coche y que cada vez adoptaba dimensiones más grandes dentro de su cabeza.

Pensaba contarselo a su marido, no, le echaría una bronca; estaba muy cansada para soportar una charla en tono paternal sobre sus despistes.
No diría nada, tenía que subir a la azotea y coserle un botón a la camisa granate que se quería poner el día siguiente.

Conducía rápido, tenía prisa por llegar.

"los discursos... los discursos te convencen de todo, de lo que sea"

Conducía rápido, su coche podía correr, el hombrecillo le había llenado el depósito.

Un momento, un tío se había subido en su coche, había conducido por dios sabe donde y después le había llenado el depósito de gasolina, su acto reflejo fue mirar a la parte trasera: ¿estaría el tipo alli?

En su lugar vio un jersey azul o negro, sucio.
Ella se inquietó y giró la cabeza.
Apretó el pedal del acelerador en el movimiento.
El jersey se movió por la sacudida que ella misma provocó al soltar del volante la mano derecha.
Ella gritó, dió un respingo, miro hacia delante. El semáforo estaba en rojo.
Había un coche frenando delante, a diez metros, a siete metros, a tres metros.
Ella intentó frenar: las llaves de su casa se lo impidieron.

"joder,coño"

----

- ¿qué está pasando?
- Creo que ha habido un accidente, por eso hay retención.

----
Su marido había cogido el coche esa mañana, el coche sí tenía un sitio fijo, así que él sabía dónde estaría. Recogió a los niños del colegio: se dejaron el jersey del mayor olvidado.

Ella no usaba móvil: tenía un discurso: si no lo había necesitado durante toda su vida, porqué iba a necesitarlo ahora.


¿había fallado su discurso?

improvisaciones.

1 comentario:

Emilienko dijo...

Un buen relato.

Hoy me voy a pedir el lujo de pedir. Me gustaría que escribieses algo de una mujer de nuestros días, trabajadora, como muchas de tus historias, pero en este caso, feliz y dichosa.