13 abr 2012

Storm

El cielo anunciaba tormenta. Ella solía salir a tomar café, lejos de su casa; sin saber muy bien
por qué siempre acababa en el mismo bar desangelado y viejo. Y pensaba “qué difícil”.

Él no vivía por aquella zona de la ciudad, pero a veces cogía el coche y buscaba algún sitio
tranquilo donde nadie le conociera. Se tomaba una copa. Volvía tranquilo a casa.

Allí se vieron. Los dos desentonaban en el ambiente así que no pudieron evitar mirarse. Y así
durante una larga hora. Curiosidad y aburrimiento se mezclaron, y a la vez no se importaban
absolutamente nada.

Él pasó por su lado hacia el servicio, ella desbordó las posibilidades de mantener la discreción:
y allí estaba él, quieto mirándola sujetando el pomo. Y sonriendo.

Se sonrojó, volvió la cara, la hundió en su café, rezó para que él desapareciera. Oyó la puerta
del baño abrirse, agachó aún más la cabeza, de reojo vio cómo él se acercaba a su mesa y se
sentaba frente a ella.

Le sonreía con una sonrisa amplia y sana. Ahí, justo ahí, ella se enamoró. Perdidamente.
Daba igual todo: él le sonreía. Dijo algo, algo así como “tú café y yo una copa, qué curioso”
o “quieres casarte conmigo, lo sé”. Daba igual, ella ya estaba en el bote.

Hablaron hasta que el dueño del bar les indicó otro sitio más íntimo donde seguir la charla,
guiñándoles un ojo “porque tengo que volver a la casa con la señora, chavales”.

Nunca más volvieron a ese sitio. A cambio empezaron a verse: todos los días, haciendo mil
cosas juntos, sacando tiempo de donde no siempre lo había. A veces quedaban para darse un
beso y tomar un café rápido, o con el tiempo exacto de llegar despeinado al turno de tarde en
el trabajo, o para discutir un rato.

Se quisieron mucho tiempo, el tiempo suficiente para conocerse y decidir vivir juntos.
Decidieron el color de las habitaciones, el estilo de los interruptores, compraron posavasos
para las copas que tomarían en las noches tranquilas.

Funcionó un tiempo. El tiempo suficiente para conocerse. Se hicieron mayores de espíritu,
grises, aburridos el uno con el otro. Ya no jugaban a entenderse, preferían ver la televisión sin
decir una sola palabra.

Habían pasado dos años desde aquel encuentro fortuito en un bar viejo y sólo. Un siglo en
sus corazones. Ella comenzó a pensar que era demasiado difícil, que para él ella era una copa
vacía: empezó a ver el final de toda aquella historia.

Él se sentía cansado, las carreras de fondo no eran su fuerte. Así que un día, mientras ella
tomaba un café él se sentó enfrente y la miró – vio que ya no eran los mismos- sin decir nada.
Ella no esperaba la tormenta pero él le cogió la mano y le dijo “no soy feliz”. Y ella lloró.

Uno de los dos metió sus cosas en cajas, ya no se fijaban en el color de las paredes: no servía
de nada.

Pasaron los meses, volvieron con esfuerzo a sus antiguas rutinas aunque ya no sería jamás lo
mismo. Ella volvió a tomar cafés, esta vez en impersonales centros comerciales. Él prefirió las
copas con luces brillantes y música alta. Jamás pensaron en espiarse, hasta que un día pasó
que él la vio a ella tomando café con un hombre -un día de compras necesarias por calles
concurridas-. Un hombre que no era él-en un bar iluminado, nuevo y con gente-.

Eso le dolió, marcó su número, no habló, no dijo nada, sólo el dolor. Ella no le vio, pero se reía
como al principio de los tiempos.

Á.

·


EL CIELO ANUNCIABA TORMENTA


The sky announced storm. She used to drink coffee, far away home; not sure why she always ended in the same old soulless bar.
He didn’t live through that area of the city, but sometimes he took the car and looked for some quiet place where nobody knew him. He used to take a drink and quietly he returned home.
In that place they saw each other. They couldn’t help looking. And so on during a long hour. Curiosity and boredom were mixed, and, at the same time, they didn’t care absolutely nothing.
He passed behind her, to the bathroom. She couldn’t help look at him, and its eyes met. So he was there, smiling just before going through the bathroom while holding the door knob.
She blushed, turning his head and sinking his face in her coffee, she prayed for he disappeared. She heard the bathroom door open and she bowed her head. She saw sideways how he approached quietly to her table and sat in front her.
He smiled her with his wide mouth, and there, just there, she fell in love. Madly. Never mind everything: he was smiling her with his dark shiny eyes. He said something as “you coffe and me a drink, so curious” or “You want to marry me, I know”. Never mind, she was eating out of his hand.
They talked until the barman invited them to leave the bar. He said them another more intimate place to keep the conversation going, winking his eye.
That day was the last time they went that place. For that change they started to see each other: every days, making thousand things together, having time where it wasn’t. Sometimes they met to kiss and talk while drinking a quickly coffee, just in time to arrive to the afternoon worktime.
They loved each other a long time. Long enough to meet and decide to live together. They decided the color of the rooms, the switches style, they bought coaster to put the glasses that they would drink in the quiet nights.
It worked a while. Time enough to know well about both. Their spirits grew older, gray, boring with each other. They didn’t play already to understand them. They preferred to see the TV without saying anything, any word
It had been passed two years since that meting in the old bar. A century in their hearts. She began to thing it was too difficult, thinking that she was an empty cup for him, and she begun to see the beginning of the end of the story.
He felt tired. So one day, while she was drinking her coffee, he sat in front of her and keeping his looking in theirs, he realized that they were not the same. He take her hand. He could expect the storm and said “I’m not happy”. She started to cry.
One of them put staffs in boxes, they didn´t already set the color of the walls: It has no sense.
Months passed. With effort they went back to their old routines although never more would be the same. She started again to drink coffees, but this time in impersonal shopping places. He preferred drinks with brilliant lights and loud music. They never though in spying. Until one day, he saw her drinking a coffee with another man, was a crowded shopping day. A man that wasn’t him, in a lighting new bar, with people.
That hurt him. He dialed her phone number, didn’t call, didn’t say anything, just pain. She didn’t say hime, but she laughed as the first days.
S.

21 mar 2012

"El amor es una decisión"

"El amor es una decisión"
"El amor es una decisión".
Eso rezaba alguien en algún sitio. 

Bueno, yo creo más bien que el amor es una vidriera. Sí, y creo que esa es una maravillosa y perfecta definición.


12 mar 2012

- Cada vez que me toco Dios me castiga con una laceración diferente.
- ¿Cada vez que te tocas dónde, cariño?
- En cualquier parte de mi cuerpo, porque mi cuerpo entero es sagrado.

3 feb 2012

Tu Ropa (Good Friday)

Tu ropa podría parecerse a algo etéreo, algo terriblemente ajeno e intrínseco.   Tú serías morena y tu piel sería la idónea para un anuncio de Pond's.   Llevarías aquel camisón de H&M que era suave y delicado, color indefinido de moda. Muy tú, en definitiva, y los dos lo sabríamos.

La luz, en realidad, lo inundaría todo, me sonreirías: con sonrisa/pasmosa/calma, los ojos fijos en mí, los brazos ajenos al cuerpo rozando apenas las caderas.

Estarías descalza y tu piel tendría el tono más sano del mundo.

Vendrías hacia mí; irradiarías amor o magia o bondad. Y todo sería perfecto.

Yo me sentiría aterrado, cómo convertirte en algo maleable si eres tú la que desprende toda esa luz. Apenas respirar supondría un cambio en las circunstancias.

Pero tú estás muy lejos, tú eres inalcanzable: descalza-verano-loto-apetecible.
Cada vez eres más grande, más inmóvil; el tiempo en standby no sabe si tu humanidad se esfuma o se esconde detrás de lo divino.

Podrías quitarte el camisón alegremente, con un sólo gesto, alzando los brazos perfectos -y yo tendría que morirme allí mismo-. Podrías dar cinco leves pasos, convertirte en Sol, cambiar las mareas, decirme algo.
Podrías hablarme: decirme riendo que dejara de temblar, que tragara saliva; hacerte mi hermana, hacer que te odiase.

Yo bajaría la vista y contemplaría mis viejos vaqueros. Sabría que no te merezco y por eso mismo te querría más: más para mí, más para siempre, más-así-siempre-estática.

Tú ya no existirías: sería mi idea del mundo contigo ahí, en el centro de la habitación iluminándolo todo, embarcando sensaciones de éxtasis en mis pupilas impresionables.

Tú no avanzarías, eterna sonriendo transmitiéndome calma. Yo no cejaría en mi empeño de seguir observándote.


Así siempre.

Así será el segundo en que me de cuenta de que todo lo visible/in-visible pasa por tu prisma y se desborda por el mundo (  por mi mundo  ).

Así pasa ese segundo.

Así se percata uno del amor.


Suena: 



Good Friday .    

Viernes 3 Feb.
        2012

No saber nada

Soy perfectamente normal.

[...]

Ahora todo está negro, frío y muerto.
Pero mis 26 realmente son mis 25.
Soledad que hace fuerte, soledad elegida y soledad selectiva.

Envolverme en volutas de humo para que sólo me vean ·esos·
hacerme invisible y a la vez PERFECTAMENTE observable.

Mi vida que empieza a estar programada de una forma peligrosa-mente terrible.
Leer es salvarse.

Mierda, todo mierda. Porque sí y por cosas más profundas de las que podrías llegar a comprender.

9 ene 2012

NADA

Tú eres una variable más.
Tiempo, salario, amigos, comidas, gente, margenes brutos, vuelos, ocio, precios, oportunidades y tú.

Todo es sacrificable, todo tiene un precio o una compensación.
Tú no eres diferente; hubo una época en que sí, en que todo era más auténtico o más cercano.
Más auténtico o más cercano.

Ahora las cosas son grises, azul metálico. Como el fondo de las piscinas, o los móviles, o las cosas que no tienen sentido porque no son más que una variable.
No se pueden controlar todas las variables, no todas importan tanto, es cuestión de escala de valores.


lo lacrimógeno suele arrasar
con todo, pero mola

8 ene 2012

A veces me gusta ir al pasado y coger cosas, cosas así

lunes caucásico

24/11/08
salir,
visita, clase, casa, comida, familia, clase, merienda, fotos, risas, coche, frio, ordenador, calle, bolso, escaparates, bus, gente, noche,biblioteca, luces, casa, cocina, cena, salón, tele, ordenador, pijama, desmaquillante, gafas, casa,
llegar.

7 ene 2012

Observación núm.5

Yo os miro como desde un escaparate. Vosotros estáis dentro. Me asombráis y me aburrís a un mismo tiempo. Os envidio y os desprecio, quizás porque no estoy dentro, quizás porque yo lo he decidido así o quién sabe si es porque mi naturaleza tiene un tope y ese tope exacto es el cristal que nos separa.
Pero seguramente sea porque estoy fuera.


Una vez alguien me dijo: "Tu problema es que sientes envidia, de todo. Eres como yo, lo quieres todo, aunque se contradiga".
Y yo me lo creí. Porque además de envidiosa soy una ilusa y creo en la gente que es igual que yo o un poco peor.