- "y cuando digo cualquiera digo quizás tres"
- "no debería engañarme, pero tampoco conformarme"
- "qué divertido"
-"uy qué feo"
y, sobre todo:
- "debería darme cuenta ya"
y, sobre todo:
- "debería darme cuenta ya"
te queda mejor asícon una mano sostienes el cigarrillo y con la otra me tocas el hombro
" Veréis, lo que pasa es que no quiero hablaros. el único problema es que no me interesáis.
Yo busco a mi príncipe azul y no está entre vosotros [todos los hombres del mundo se sintieron un poco turbados ¿cómo era aquello posible? Era una incongruencia].
Por eso en las fiestas yo no hablo realmente con nadie: porque no me interesáis. Para mí estáis vacíos, no me vais a aportar ningún valor.
Y siento que mi vida se pasa y no le encuentro entre vosotros, que no está.
Vosotros, lo siento, ya no me valéis como aperitivo o entretenimiento. "
- la dispersión
- volar a años futuros
- el egoismo
- la nostalgia
- exigir minimos -quizás- muy altos
- la timidez
- la ropa clásica
- hablar más fuerte (y no decir nada)
- cierta decadencia -nada romántica-
- no querer nada
Y mi libro de André Breton sostiene el impúdico calor de mi
ordenador portátil, así van mis cosas,
así que algo falla.
Yo entiendo, entiendo muchas cosas; que me hacen más adulta y más impotente.
Entiendo las limitaciones de las exigencias, las distancias que me separan, sólo las distancias que existen. El espacio existente desde antes del yo.
Entiendo la frustración, y la soledad, y aún así sé que soy afortunada, también entiendo eso.
Me hago grande, crezco, y la gente que me rodea también lo hace: y nos separamos y no podemos mostrarle el berrinche al viento porque a éste no le importa.
Entonces he aprendido a tragarme unas lágrimas que podrían haber nacido ya fuera de tono. Y mis lágrimas no natas y yo miramos a los demás irse lejos, con –posiblemente- la rabia contenida de la impotencia.
Porque finalmente he comprendido que no puedo hacer que ciertas cosas no cambien.
Sé que tú te has ido, en prácticamente todos los sentidos, porque tu instinto de supervivencia te lo llevaba diciendo al oído muchos años ya. No te culpo, bueno, a ser sincera, antes sí. Me enfadé contigo, me sentía sola, pero he entendido que no puedo obligarte a nada. Que crecer es eso: guardar los juguetes antiguos, comprar más libros, agendas donde anotar la vida, sacar a personas antiguas de la vida, meter a personas nuevas.
Lo entiendo, a pesar de que me duela.
También sé que tú te has alejado y en parte te enfadas conmigo porque no quieres que yo te lo haga notar, te enfadas y te resulta más fácil obviarlo. Es más fácil.
He aprendido que la amistad es más relativa de lo que-yo-pensaba.
Me he dado cuenta de que era más idealista de lo que-yo-pensaba, ¿he pasado ya el límite de edad en el que dejo de serlo y me vuelvo realista visceral?
Quizá es por eso, esto no lo sé, quizá renuncio a esa parte de crecer: la parte que toma forma de individualismo egoísta, simple, torpe.
No quiero eso en mi vida, prefiero la etapa anterior, esa que todos habéis dejado ya atrás.
Y esto es lo que no entiendo: ¿de verdad por supervivencia debemos dejar los lazos atrás?
Ahora tengo muchos cabos sueltos.
Y no debería seguir escribiendo.

Préstame tu cuerpo. Sólo una noche. Prometo no dañarlo. Sólo para abrazarme. Por la mañana, tras el desayuno, prometo devolverlo. Lleno de amor. O de cariño.
Pero dime que no lo traerás usado. Que no hallaré el rastro de otro préstamo. Déjame ciega para eso. En el fondo no me importa.
Sólo. Eso.
A cambio un trozo de mí misma. ¿Qué necesitas? Un trozo de hígado, un riñón. Puedo hacerlo. (Por tu cuerpo puedo hacerlo).
Haremos el intercambio en algún lugar apartado. Fuera de la ciudad. Fuera del tiempo. Lejos de nuestros presentes.
Será fácil: yo no quiero tu mente. No quiero tu corazón. Quiero tu cuerpo y su calor.
Lo sé. A medida que escribo se trasluce la mentira.
Pero tú no sabes caminar, así que no podrías escapar aunque esta idea te asqueara.
Pero yo no soy cruel y tú no eres, ni siquiera ya eres.
Y el mundo sabe, porque lo ha visto, que las cosas no suceden así.
Así: de esta manera fría.
Que la frialdad no se calcula, la frialdad se necesita.
Se busca y después se aplica.
No hay más historias.
No hay préstamos de cuerpos, por mucho que se necesiten, ni de cariño, ni de calor.
No podrás venir y alquilarme tu cuerpo sólo para una noche, no podré pedirte ese exorcismo, dicen que esas cosas no son éticas.
Hablando en abstracto como mascando un chicle.
24 de junio, viernes

"Para mí eres una caja negra."
Ese concepto no sólo existe en los aviones; también existe en varias materias –que ella ha estudiado-.
Se puede estudiar el mercado desde la perspectiva de la caja negra: sabemos lo que compra porque son resultados que se ven pero no sabemos el porqué, no sabemos cómo funciona ese mercado por dentro, ni sus motivaciones ni sus creencias, nada. A partir de ahí hay que investigar.
También se habla de una empresa u organización como una caja negra: se sabe que entran inputs o materias primas y salen outputs o productos finales, pero desconocemos del todo el proceso interno de transformación. De nuevo hay que ponerse a investigar para empezar a saber cosas.
Es exactamente lo que le pasó con él: es su caja negra.
En los aviones esa caja negra ayuda a entender lo que pasó en caso de que el avión se estrellara.
No ha sido capaz de comprender nada.
Después de merodear mucho alrededor de su caja negra llegó un momento en que optó por apartarla de su vista, era inútil gastar más energías en descubrir un porqué a esa explosión.
Aparentemente pasó a un segundo plano. Pero como todos los segundos planos, este también quería llamar la atención –como los extras de películas romanas que llevan relojes Casio-.
En su habitación extramuros cada vez más vacía pasaba desapercibida su caja negra, pero llegados a-quí /puntodeNONretorno/ recobró protagonismo.
Y llegados a este punto diré que su caja negra la acompaña a casi cualquier parte.
"Vienes conmigo incluso cuando no quiero, no dejo de pensar que en algún momento entraré dentro y lo comprenderé todo. Lo pienso como algo remoto, porque la esperanza y la estadística me dicen que no es posible.
Eres una caja negra. Mi caja negra, que no significa que esa sea tu única definición; tendrás múltiples acepciones y no todas serán así.
Pero para mí eres un misterio, eso, algo que encierra magia y miedo, y también desazón e impotencia, y rabia.
Como querer leer un libro en otro idioma, pero no es rabia hacia ti, siempre fue algo más abstracto.
Tú acabaste siendo el sujeto inevitable, pobre, quizá no lo merecías. Quizá la caja debió quedarse en otro sitio, pero quién se resiste.
Hay muchas ciencias que se dedican a estudiar lo que pasa en los sistemas de caja negra, yo no fui capaz de aprobar ninguna de esas asignaturas.
¿Y me culpo? Una caja negra por definición guardará siempre el secreto ¿debo sentirme mal acaso por no comprender lo que no comprendo?
Me es imposible tirarla, me es imposible olvidarla, me es imposible guardarla. Soy tan finita en estos casos que yo misma me asusto de la certeza, rebusco algún camino pero en mi cabeza sólo estamos mi caja negra y yo, el caos alrededor –ese que viene con la supuesta calma-.
No tengo nada que decidir, no estoy diciendo nada, incluso cuando quiero no lo consigo: decir algo. No digo nada, hablo despacio y no consigo explicarme. Exaspero, y es mi problema. Y tomo conciencia, empieza a tomar forma en mi cabeza.
Es una sensación extraña: el sentirte errónea."
Casi nadie sabe que las cajas negras de los aviones en realidad no son negras, son naranjas.
Eso es lo que pasa, quizás el problema es que nadie sabe.
Lunes. 20.