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Dejé de pensar en mí misma en términos de sensualidad hace algunos años, cuando todavía era joven y pensaba que lo tangible superaba a lo espiritual.
Nunca reflexioné si la base de mi creencia me resultaba positiva, nunca pensé en esa gente con carisma como ejemplo a seguir.
Qué estúpida juventud, que estúpido escepticismo.
Ojalá volver atrás fuera posible: entonces sabría explotar todos mis encantos.
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