Tu ropa podría parecerse a algo etéreo, algo terriblemente ajeno e intrínseco. Tú serías morena y tu piel sería la idónea para un anuncio de Pond's. Llevarías aquel camisón de H&M que era suave y delicado, color indefinido de moda. Muy tú, en definitiva, y los dos lo sabríamos.
La luz, en realidad, lo inundaría todo, me sonreirías: con sonrisa/pasmosa/calma, los ojos fijos en mí, los brazos ajenos al cuerpo rozando apenas las caderas.
Estarías descalza y tu piel tendría el tono más sano del mundo.
Vendrías hacia mí; irradiarías amor o magia o bondad. Y todo sería perfecto.
Yo me sentiría aterrado, cómo convertirte en algo maleable si eres tú la que desprende toda esa luz. Apenas respirar supondría un cambio en las circunstancias.
Pero tú estás muy lejos, tú eres inalcanzable: descalza-verano-loto-apetecible.
Cada vez eres más grande, más inmóvil; el tiempo en standby no sabe si tu humanidad se esfuma o se esconde detrás de lo divino.
Podrías quitarte el camisón alegremente, con un sólo gesto, alzando los brazos perfectos -y yo tendría que morirme allí mismo-. Podrías dar cinco leves pasos, convertirte en Sol, cambiar las mareas, decirme algo.
Podrías hablarme: decirme riendo que dejara de temblar, que tragara saliva; hacerte mi hermana, hacer que te odiase.
Yo bajaría la vista y contemplaría mis viejos vaqueros. Sabría que no te merezco y por eso mismo te querría más: más para mí, más para siempre, más-así-siempre-estática.
Tú ya no existirías: sería mi idea del mundo contigo ahí, en el centro de la habitación iluminándolo todo, embarcando sensaciones de éxtasis en mis pupilas impresionables.
Tú no avanzarías, eterna sonriendo transmitiéndome calma. Yo no cejaría en mi empeño de seguir observándote.
Así siempre.
Así será el segundo en que me de cuenta de que todo lo visible/in-visible pasa por tu prisma y se desborda por el mundo ( por mi mundo ).
Así pasa ese segundo.
Así se percata uno del amor.
Suena:
2012
