29 sept 2011

Yo creo que tiendo a...

  1. no categorizar
  1. la dispersión
  1. volar a años futuros
  1. el egoismo
  1. no mentir apasionadamente
  1. la nostalgia
  1. exigir minimos -quizás- muy altos
  1. la timidez
  1. no besar
  1. la ropa clásica
  1. hablar más fuerte (y no decir nada)
  1. cierta decadencia -nada romántica-
  1. no querer nada


foto: Juri

Mi vida ha vuelto

Y mi libro de André Breton sostiene el impúdico calor de mi 
ordenador portátil, así van mis cosas, 
así que algo falla.



Yo quiero vivir ya.
No necesito esperar. A nada.
(como una niña enferma que mira la vida desde la ventana)
No debería necesitarte a ti. Que tus manos atrapasen las mias y me incitaras al movimiento.

Nada de eso.
Hubo una vez en que todo esto fue diferente: digo yo, hablo de mí. Yo fui otra, fui fiel y fuerte, y mi propia piel se sabía querida. Fui una de esas amazonas valientes, (de esas mismas que son pura leyenda).
Pero ahora no es ella quien dice: Yo espero, no hago otra cosa que tener miedo.


No debería necesitar esas palmadas fuertes que se dan a los hombres de negocios con dientes blancos. Palmadas que se dan con las manos que te ayudan a subir peldaños y escalar escaleras y bailar sobre los tejados y tocar las nubes y comerte la luna con miel.
No, nada de eso.
Yo quiero vivir ya, peor que el humo.

Quiero ser todo y tenerlo todo sin ver los juicios, quiero no necesitar y que justo en el momento en que sea un capricho el capricho aparezca. Delante de mis narices y yo decida no rechazarlo.
Así de simple.

Tanto que parece un cuento infantil.
Érase una vez un león que no tenía amigos.
Érase una vez un chico con un calambre en el gemelo.
Érase una vez Juan sin miedo.
Érase una vez yo.
Érase una vez...bah
Basta, no engañemos a nadie más.
Ya no tiene límitez mi estupidez humana y ya no quiero medirme con lo demás.

Yo quiero vivir ya, pero nadie me lo ha explicado.
-de aquí deducimos que hay que responder a los niños el porqué-



 texto feo pero improvisado
inconexiones

15 sept 2011

Mi alfabeto

Léase ordenadamente:


A/ Nunca he entendido ese gusto de la gente por regalar sus propias fotos de carné.

U/ Hace años que no como couscous, y eso que me encanta.

C/ No me gustan demasiado mis piernas: los tobillos, los muslos, las rodillas.

Ñ/ He sido capaz de quitar uno de mis retratos, uno de esos que yo nunca elegí.

D/ A veces tengo mucha más empatía de la que puedo soportar.

G/ A veces siento que me hago muy muy pequeña y que soy insignificante, lo que me da realmente miedo de sentirlo es no saber si es verdad y si lo voy a saber siempre.

LL/ Tan buena.

F/ Cada vez tengo los ojos mas sensibles a causa de las lentillas.

X/ Andar no es hacer deporte.

L/ Ya no estoy segura de ser buena.

H/ Normalmente la ansiedad que me precede -como la fama y otros menesteres- estropea muchos momentos de mi vida, y yo le dejo hacer.

I/ Tengo, desde hace varios años, la única y gran manía de comprar la misma agenda: mismo formato, mismo color; este año he cambiado el color y fue una dura transición.

J/ A veces me siento culpable.

CH/ Este verano he comenzado a tomar café.

K/  Ya no leo como antes, pero en este año me he reparado un poco leyendo en francés y rebuscando entre ciertos clásicos.

Z/ El día de hoy es agradable, no se hable más.

E/ Vivo en el pasado, porque yo necesito tener datos para la próxima actuación.

B/ Me gusta el té, el té Earl grey sobre todo.

S/ Me gusta la carne poco hecha y beber el vino sólo.

N/ Quien quiera que seas: vete, no te gustaré.

T/ Siempre he creído que de vez en cuando se me escapan sonrisas tristes y tengo la secreta esperanza de que nadie se dé cuenta o de que alguien la valore.

O/ Los autobuses se me van en mis narices y yo soy demasiado indulgente siempre.

Q/ Hasta ahora no he sido capaz de ahorrar. He dicho: hasta ahora.

W/ Todo esto no tiene sentido. O quizás no sea esa la frase, quizás sea: todo esto tiene una utilidad escondida que hay que descifrar.

R/ ¿Esto sigue siendo amor?

V/ Nacemos solos, morimos solos, pero yo no quiero estar sola mientras tanto.

M/ Pienso cosas muy superficiales, me duelen pero las alimento. Cada vez que pasa sé que me traiciono, pero ya no sé cuál es la parte de mí que sale damnificada.

Y/  Por todas las ventanas entran aromas de comida.

P/ A nadie le gusta la gente triste.

A/ A veces se me olvida que el silencio es bueno.

Y si finalmente lo ha conseguido...

 

10 sept 2011

# Uno

Quizá haya que asumir que no todo tiene sentido, o respuestas,
o que no todo trae su solución aparejada.

¿Cómo aprender entonces de algo inconcluso?

3 sept 2011

We fade to grey

Resultó ser ese tipo de egoísmo adolescente.

Y los dos lo asumieron bien, los dos deseaban olvidarse de ese contexto tedioso que les rodeaba y les asfixiaba.
Las siluetas se mostraban claras y evidentes desde la cristalera de la cafetería: eran dos personas disfrutando de su egoísmo.
Sin saber cómo empezar, unas cuentas, unos colores y ya se obró el milagro: ambos estaban sentados con un café ya tibio como arma y excusa.
Él estaba casado. Vestía con chaqueta gris marengo y corbata azul. Tenía las manos delgadas y era casi moreno.
Ella aún no lo estaba. Los breves tacones eran de los que siempre resonaban en el mármol. Una perla colgaba de su cuello y con ese hombre la risa era algo así como vertical, ascendente.

Primero hablaron sobre lo esencial: las cuentas, los problemas que acarreaba no cumplir los plazos, los departamentos implicados; ya se conocían y sabían cómo trabajaba cada uno. El café se enfrió y ella entonces pidió un zumo.

Y se inclinó sobre la mesa para escucharle.
Él sintió el protagonismo y aquello le gustó, siguió hablando. Empezó a hablarle a la mujer interior de Ella.
No fue una historia de penas matrimoniales ni dramas humanos, fue una historia divertida y ocurrente. De esas que se van adornando con mentiras y detalles falsos sin importancia.
Ella, divertida, le escuchaba cada vez más y no sólo a él, a su voz, sino también a sus manos, sus gestos, escuchaba también lo que le decía su forma de mover la pierna sin rozarla y su gesto para recolocar la chaqueta sin que se arrugara demasiado. Lo escuchaba todo y todo le divertía. Aunque también le daba miedo.
Pero eso lo supo después (cuando llegó a casa y no se iba la sonrisa tonta con el desmaquillante del algodón).
Antes se acodó en la mesa y se estrujaron las horas alrededor de ellos, tanto, que los móviles en vibración interrumpían apenas y del café fueron pasando por los zumos y los cocteles hasta llegar finalmente al vino.

Los camareros cómplices. Los horarios comerciales extensos. La vida frenética de la calle.

Se quedaron allí, charlando, riendo y sintiendolo todo por dentro: la emoción de descubrirse, el peligro mismo de hacerlo, lo prohibido y la incertidumbre que conlleva la frontera.

Con la segunda copa ganaron confianza, pero no había picardía en ellos, sólo emoción. Se mostraron tal y como fueron, tal y como eran. SE gustaron por la recopricidad, no se detuvieron a juzgarse o compararse.

Dejamos esta historia congelada, se ve desde la calle, a través del cristal de la cafetería.
Aún ríen y ya se rozan con las rodillas.


(uno de #borradores chungos, hoy)

1 sept 2011

Nodozurdo

Es una curiosa mezcla entre "Manos de topo" y "Joy division".

+

=




¿Sí?

Nota de reflexión#

Yo entiendo, entiendo muchas cosas; que me hacen más adulta y más impotente.

Entiendo las limitaciones de las exigencias, las distancias que me separan, sólo las distancias que existen. El espacio existente desde antes del yo.

Entiendo la frustración, y la soledad, y aún así sé que soy afortunada, también entiendo eso.

Me hago grande, crezco, y la gente que me rodea también lo hace: y nos separamos y no podemos mostrarle el berrinche al viento porque a éste no le importa.

Entonces he aprendido a tragarme unas lágrimas que podrían haber nacido ya fuera de tono. Y mis lágrimas no natas y yo miramos a los demás irse lejos, con –posiblemente- la rabia contenida de la impotencia.

Porque finalmente he comprendido que no puedo hacer que ciertas cosas no cambien.

Sé que tú te has ido, en prácticamente todos los sentidos, porque tu instinto de supervivencia te lo llevaba diciendo al oído muchos años ya. No te culpo, bueno, a ser sincera, antes sí. Me enfadé contigo, me sentía sola, pero he entendido que no puedo obligarte a nada. Que crecer es eso: guardar los juguetes antiguos, comprar más libros, agendas donde anotar la vida, sacar a personas antiguas de la vida, meter a personas nuevas.

Lo entiendo, a pesar de que me duela.

También sé que tú te has alejado y en parte te enfadas conmigo porque no quieres que yo te lo haga notar, te enfadas y te resulta más fácil obviarlo. Es más fácil.

He aprendido que la amistad es más relativa de lo que-yo-pensaba.

Me he dado cuenta de que era más idealista de lo que-yo-pensaba, ¿he pasado ya el límite de edad en el que dejo de serlo y me vuelvo realista visceral?

Quizá es por eso, esto no lo sé, quizá renuncio a esa parte de crecer: la parte que toma forma de individualismo egoísta, simple, torpe.

No quiero eso en mi vida, prefiero la etapa anterior, esa que todos habéis dejado ya atrás.

Y esto es lo que no entiendo: ¿de verdad por supervivencia debemos dejar los lazos atrás?

Ahora tengo muchos cabos sueltos.

Y no debería seguir escribiendo.