Tuvo una vida que muchos habrían envidiado: tuvo un solo trabajo, una sola familia, vacaciones, fotografías de lugares exóticos y supuestamente inolvidables, barbacoas con los amigos, hijos que regalaban corbatas en el día del padre, un sofá que era sólo para él; tuvo camisas, trajes, corbatas de seda, zapatos, discos, libros.
Siempre tuvo donde dormir, pudo comer todos los días, el resto le aceptaba, incluso le querían.
¿cuál era la diferencia, la única diferencia, entre él y el resto?
La única diferencia entre él y el resto era que ÉL no podía dormir por las noches; y el resto sí.
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3 comentarios:
qué bueno, no?
Un bonito texto sobre el inconformismo.
Hoy precisamente me preguntó mi madre si estaba satisfecho con mi vida. Le respondí que estaba bastante satisfecho, pero no del todo, para no caer en una idiota superficialidad.
es curiosísimo, porque yo he escrito algo también sobre ese señor que no puede dormir
quiero verte ya, te echo mucho de menos. Tengo muchas ganas de decirte que tenías razón en millones de cosas, que no me espero a conocer a la gente, y que soy tonta por descuidarte tanto.
Un beso cacahué
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