20 nov 2010

Tarde de otoño francés

Hoy he ido a hacer la compra, y eso era como la guerra: gente, gente, gente. y frío.

Y he pagado con un cheque, y es la segunda vez que lo hago. Aqui no ver el dinero me asusta más.

Ahora estoy en la mesa que antes era de la cocina, y ahora es del salón, con mi planing a corto plazo, con una tetera con forma de girafa.

La calefacción está puesta, he cerrado todas las puertas para que no se vaya el frío. Escucho a NV para aplacar las fricciones físicas. Mi infusión es un thé du soir: rooibos y verveine, de comercio justo -estos detalles son importantes-.

Planifico, y me rehago cada vez un poco más.
Arcilla seca, remodelable.

Miedo, miedo a abrir la carpeta que contiene los apuntes de ESTADÍSTICA II, de la Universidad de Sevilla -donde se estudia de verdad- y comenzar a estudiar.

Hoy pretendía ir a la piscina, pero todo cierra muy temprano: no pasa nada, iré mañana.
No pasa nada, iré mañana. Porque hoy ya he empezado, poco a poco.

La mesa está ordenada, tengo una taza a mi izquierda, escucho música que me gusta y empiezo a sentirme un poco mejor.

Aún tengo fríos los pies, y mis manos son de señorita que toca el piano o que vende medias.
Pero empiezo a re-sentirme bien.
Y eso es bueno.

1 comentario:

Emilienko dijo...

Lo malo de las Erasmus son el invierno. Se disfrutarían más si todo el tiempo tuviera muchas horas de sol.

Y si Francia fuera más barata.