Seguía en la ducha: el agua resbalaba por el cuerpo y se negaba a irse por el desagüe.
Escupía la sangre.
Siempre escupe la sangre cuando pasan esas cosas.
Cierra el grifo y siente el frío que llega, que le eriza la piel.El frío le puede, ella se rinde fácilmente de todas formas: corre a por la toalla.
No piensa en lo que ha hecho, sólo lo recuerda. Sabe que todo pasará, limpiará como todos los días, hará el almuerzo.
Tiene frío, aprieta la toalla contra su cuerpo: ya no hay sangre, ahora sólo queda dolor. En los brazos, en los dedos.
De repente ha llegado el dolor como un calambre, no tiene miedo, no se mueve, sólo se extraña de ese dolor repentino.
"como si viniera del alma" habría dicho él, y ella no lo habría entendido. Y se habría quedado con una mueca en la cara que diría vete-tú-a-saber-qué, y a él no le hubiera importado.
Por eso era mejor así, se decía a si misma a través del espejo: por eso es mejor así, por eso es mejor así.
Tenía frío, no quería moverse, no quería vestirse, pero lo hizo. Se secó como si nadie la mirara: las piernas, los pies, los dedos con cuidado, se afanó en las rodillas -detestaba ponerse los pantalones y que se resistieran en ese punto-; el sexo, el vientre, los senos, las axilas, el pecho, la nuca.
La nuca.
Nunca se secaba la nuca, ¿qué había cambiado hoy?
Hoy era todo diferente, era el dolor que sentía al levantar los brazos lo que le hacía repetir una y otra vez esa acción: la nuca, el dolor, la nuca, el dolor.
Una vez seca se sentó. "sí, hoy es todo diferente" dijo en voz baja, pero en el fondo sabía que todo era exactamente igual que antes, antes de la ducha, antes de la sangre, antes del dolor.
Pero había pasado un día más.
Y tenía un día menos de vida.
Decidió vestirse, no quería pasar más frío.


1 comentario:
el tiempo..
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