6 mar 2016

Ya es de noche en Copenhague

... La nada.

Necesitaba de la información a borbotones, frases en cascada. Densas, pesadas, lentas incluso. Pero existentes.

Cuanto más las necesitaba más adentro se escondían. ¿Cobardía? ¿Confusión? Se iban dentro, al fondo, detrás del estómago, escondiéndose en las tripas, en el vientre. Estaban lejos de todo, no hubo marcha atrás. No pasos valientes que desencadenen el avance. No vanidades formuladas. No, nada.

Hubo silencio sepulcral. Una suerte de hastío muy fuerte, muy duro; y por lo tanto también, doloroso. Pegándose en las paredes de mis vísceras, metiéndose muy adentro. Ese silencio existe y no creo que ya me lo pueda despegar.

¿Estábamos ante el nacimiento de un nuevo orgullo?
Los -ismos no están muertos aún.

No hay comentarios: